16 de junio de 2013

Promesa a los esforzados visitantes de este blog

Habrán notado que he publicado sólo fragmentos de unos pocos textos. Prometo ir completándolos para que -quien lo desee- pueda leerlos enteros. Desde ayer, uno ya aparece en toda su extensión: Los golpes.

14 de junio de 2013

Entrevista radial 08-06-13


Presentando e-Nanos junto a Martín Gardella, 
en El Living sin Tiempo (La Noventa de Devoto)

Feria del Libro 2013


Jornada de Microficción (09-05-13)
Lectura de los tuits finalistas de concurso

6 de mayo de 2013

Fiesta marítima (*)

Cumulus se hinchan en las velas del bote.
Los atabaques suenan.
Obá, obá, obá corean hombres y mujeres sobre cubierta. Las palmas de Joao baten el parche con un ritmo que él no aprendió. Lentamente redobla el trueno en sus dedos; cierra los ojos, busca a tientas en la noche del pasado. Centellas que relumbran en el vientre del tambor le señalan el camino.
María se alza: las trenzas renegridas vibran al ritmo de su cuerpo y su túnica multicolor roza las tablas. Un temblor tras otro la sacuden. Sólo ve lo que ordena el atabaque. Los miembros se crispan, ondulan. Le estalla el ritmo a los pies como una flor inesperada. El hombre, perdido, cuaja borrascas, brama el viento, los rayos fustigan nubes en la comba del cielo. Todo crepita en el parche y es lodo y fuego y trueno. Pero la tormenta pasa. Todavía caen algunas gotas, sin prisa.

30 de octubre de 2012

Coincidencias

Como opuestos complementarios, hemos coincidido en todo desde el primer momento.
Él ama el frío, adoro el calor; él prefiere el día, me activo de noche; él es carnívolor, elijo las verduras; él es devoto, yo no. Los deportes le atraen, prefiero los libros. Ama la montaña, lo mío es el mar.
Tanto coincidimos, que aun en esto estuvimos de acuerdo: nos divorciaremos.
e-Nanos
Macedonia Ediciones-Morón-2010

23 de junio de 2012

Hermanos

Para darnos leche, tengo una sola oveja con su cría, pues soy labrador. Cuando el frío se clava en el valle, mi mujer me recuerda:

- Caín, guárdalos en nuestra choza.

El corderito es blanco, perfecto. Si retoza entre los campos se diría que una nube ha descendido sobre la tierra. Si bala, los lirios parecen responderle. Tiene el hocico húmedo. Pronto mi hermano Abel lo llevará a los montes, junto con su rebaño numeroso. Allá arriba la hierba es dulce y fuerte el aire. Será más sabio que yo mi cordero, pues desde las colinas verá al ángel con la espada de fuego guardando la entrada al Paraíso que dilapidaron nuestros padres. Mas he de perderlo, porque Abel lo reclama como pago por el servicio de la oveja y mañana debo entregárselo.
Pero al alba juntaré las verduras que quemaré en sacrificio a mi Señor.
e-Nanos
Macedonia Ediciones, Morón, agosto de 2010


5 de junio de 2012

La otra mejilla

El reo cumpliría una condena por haber golpeado a un hombre inocente. La autoridad citó al agresor a su despacho.
- ¿Por qué lo hiciste? - preguntó.
- Yo no fui, fue el Turco.
- Pero golpeaste al que pasaba. ¿Lo conocías?
- Para nada, no. Pero yo soy muy creyente ¿sabe?. Esta medallita me la dio mi mamá y ella hasta me mandó al catecismo. No aprobé porque soy medio lento. Ahí nos decían a cada rato (y eso me lo acuerdo siempre): "hay que poner la otra mejilla". Por eso, cuando el Turco se me vino encima, y yo sé que pega muy fuerte el Turco, me dije "mejor la otra mejilla", como en el catecismo ¿no?. Fue pura mala suerte que justo viene a pasar aquel ... le hice poner la mejilla que faltaba.

e-Nanos
Macedonia Ediciones, Morón, 2010

8 de mayo de 2012

Estados


Un clérigo bendijo sus alianzas: ella se comprometió a no violar sus límites, él juró no invadirla.

e-Nanos
Macedonia Ediciones, Morón, agosto de 2010

Palabra empeñada

La verdad es que ahora, después de tantos años, estaba un poco harta de rasquetear los lamparones de vela que le arruinaban el piso y de limpiar recipientes con flores marchitas y de ventilar la habitación. Sus amigas siempre se las traían, además de sus confidencias y el sahumerio. 
Nunca hubiera imaginado, allá en su lejana juventud, que su inocente comentario le acarrearía estas consecuencias cuando le había asegurado a cada una de sus conocidas: "habla tranquila, soy una tumba".
e-Nanos
Macedonia Ediciones, Morón, agosto de 2010

10 de abril de 2012

Triunfo

"¡Lo logró!¡Otro de los nuestros lo logró!" anunciaban los titulares de todos los periódicos. Y traían en primera plana las fotos del que había triunfado en el extranjero, sonriendo con satisfacción a veces; otras, con timidez.

Había desfiles, entrevistas televisivas, la autoridad máxima lo condecoraba. Su triunfo era el nuestro. Y aplaudíamos con entusiasmo. Después, el héroe regresaba al extranjero.

Y nosotros volvíamos a recorrer las ruedas giratorias fijas que nos daban la ilusión de avanzar. Las puertas de las jaulas se cerraban.




e-Nanos

Macedonia Ediciones, Morón, 2010




30 de marzo de 2012

El quebracho y la caña

Un viento fortísimo bajaba desde las montañas.
La caña, con un crujido, se inclinó hasta tocar el suelo. El joven quebracho no pudo doblarse y el vendaval lo volteó.
Cuando pasó la tormenta y la caña vio al quebracho tirado en el suelo, le dijo:
- Esto te pasa por orgulloso. Yo, en cambio, me doblegué ante el destino y ahora puedo seguir viva.
Pero vino un paisano e hizo del quebracho una cuna para su hijito. También cortó la caña para poder pescar.
- ¡Cuán soberbia fui! -lloraba la caña cuando el hombre la apoyó en un rincón de la galería desde donde podía ver la cuna-. Yo siento los temblores de la muerte y el quebracho caído puede abrazar la vida.

e-Nanos

Macedonia Ediciones, Morón, agosto de 2010

2 de marzo de 2012

Como el Diego

Venga, doña, ayudemé a correr la bolsa de la harina porque el Braian se me fue al potrero, a entrenar, y sola no puedo. Aunque por ser el último, me salió tan flacucho ... Estoy segura que él nos saca de aquí. Usté sabe, a él siempre le gustó la redonda. No se ría, así se dice ahora; además, ni usté ni yo entendemos nada de todo esto. Lo viera en el potrero cómo mete la pelota entre los pies de los otros y se la escabulle. Yo lo miré una sola vez y de lejos, hace bastante, porque el Kiri me dijo que me fuera. Pero eso es cuando practican nomás. Cuando juegan contra los otros barrios, va de arquero, como el Pato Abonnosecuánto. Corrasé que ahí pongo la palangana para que levante la masa del pan. No, no le metí chicharrón porque ayer, por entrenar, el Braian no llegó a tiempo a la carnicería y ya habían vendido toda la grasa de chancho. Ahora está con los que mandan en el equipo. Ellos me lo vinieron a buscar hace

21 de febrero de 2012

Confesión

-Contraje matrimonio con ese hombre -declaró la mujer frente al juez- porque era época de epidemia y sólo quedaban vacunas contra la gripe.




e-Nanos


Macedonia Ediciones-Morón, agosto de 2010

5 de febrero de 2012

Zorro, zorro

Había un zorro al que le gustaba merodear por las huertas a la hora de la siesta. Una tarde encontró una vid cuyas uvas estaban en sazón. Se paró sobre las patas traseras y se estiró al máximo para alcanzarlas, pero se encontraban muy altas. Intentó con un salto y otro y otro más. Fue en vano, no llegaba.
La vid, compadecida del zorro y en medio del crujido de la madera y de la resistencia de los zarcillos que permanecían adheridos al espaldar que la sustentaba, dobló su tronco. Perdió unas cuantas hojas y racimos pequeños, pero el zorro pudo saciar largamente su sed.
Cuando este por fin terminó, mientras se relamía el hocico, dijo:
- ¡Qué lástima! Creí que serían más dulces.

e-Nanos

Ed. Macedonia, Morón, 2010

1 de octubre de 2010

El colmenero

Unos metros antes de llegar a la casa, el hombre se detuvo y golpeó las manos. A sus espaldas, sobre la ancha entrada de tierra, había quedado el camioncito rumoroso con el zumbido de las colmenas que agobiaban su desvencijada caja. El hombre había encontrado la tranquera abierta, esperándolo, y a los perros que amagaron un ladrido. Pero él los detuvo con un silbo bajito y palabras que ahogaron el conato de ataque antes de empezar. Pudo avanzar tranquilo hasta detenerse frente a la casa. Ahora estaban junto a él, observándolo en silencio y moviendo las colas amistosamente. Volvió a golpear las manos en el aire quieto como un lago. El sonido pareció despertar a miles de cigarras cuyo canto horadó la blanda superficie del slencio. Los perros se echaron a su lado. Una mujer muy joven, pequeña y rechoncha, se asomó a la galería mientras trataba de quitarse la harina de los brazos con un delantal también enharinado.

10 de marzo de 2010

La novia polaca

Maritza embarcó en el puerto de Trieste con su prometido, su Juan, un pasaje de tercera y el vestido de novia bien envuelto en el fondo del baúl.
Lámparas macilentas saturaban de sombras y humo el sector de las mujeres. Por el mareo, la novia pasó buena parte de la travesía acostada, vigilando el baúl de cartón prensado. Juan pedía permiso diariamente y pasaba a visitarla. Sostenía entre sus gruesas manos campesinas la trémula de Maritza.
Por las noches Maritza oía, velados, los sones de un acordeón. Netos como denarios que crepitaran sobre la superficie oleosa del mar, los pies marcaban el ritmo de las cuadrillas. Lamentaba el mareo que no le dejaba dar un paso.¡Y Juan con tantas ansias de bailar! Cuan­do no había música, Maritza sabía que los hombres jugaban a los naipes pues él se lo había contado. Esas noches ella descansaba tranquila.

1 de febrero de 2010

Casa de Agar

Apenas había salido de la adolescencia cuando la casa­ron con un hombre a quien no amaba. Él era mayor, responsable, concreto. Agar pensó que era lo peor que le podía haber ocurrido a sus sueños. Luego comen­zaron las náuseas por la mañana. Entonces aprendió que la desdicha es una infinita sucesión de escalones descendentes.

4 de enero de 2010

Camino a Tostado

Mario y yo somos amigos desde el jardín de infantes. Somos padrinos de nues­tros hijos, y casi hermanos. Nos llevamos bien durante los viajes por el interior que nos impone nuestro trabajo.


Me habían prevenido contra esta ruta a Tostado. Nadie dió razones concretas, sólo respuestas vagas que me parecieron poco argumento para cambiar el recorrido. Y aquí estamos, rumbo a Tostado.
Le he preguntado a Mario si cargó nafta.
- Sí, Juan - contesta. Siento como una puntita de sorna.
Lo pienso ahora, mientras voy manejando por los bajos submeridionales de Santa Fe. Un vaho persistente surge de la llanura empapada de agua como una lenta esponja que acecha a los bordes del camino. La tierra parece lisa y parduzca, pero apenas uno deja el “mejorado”, lo traga hasta los to­billos.

4 de diciembre de 2009

Hermanita, hermanita

En los atardeceres de estío la pareja de hermanos instala sendos sillones de enea en el porche de la casa (¡buenas noches le dé Dios, vecino!, ¡buenas noches le dé Dios, vecina!).
El forastero llegó pisando fuerte el polvo de la calle principal. Sin equipaje, sin sombra, parece una caña tacuara bajo el sol meridiano; ya las celosías lo han descubierto. Se aloja en el único hotel frente a la plaza, pero nadie sabrá jamás a qué ha venido.
Es bueno ir a misa los domingos. También el extranjero se halla bajo los arcos góticos. Parado junto a una columna, descubre el viejo mantón de encaje sobre el cuello blanco.

15 de noviembre de 2009

El paquete

Con Elsa habíamos decidido llegar temprano a la fiesta.
Sobre los techos de Buenos Aires se cernía una típica tormenta de diciembre y el aire era pegajoso. Además, estaba ese molesto paquete de Elsa.
-Un corte de tela, una oferta de liquidación -dijo sin mirarme, como si buscara a alguien.
Mi entusiasmo inicial se había ido evaporando. Elsa bailaba (por así decirlo) con un hombre insignificante que hacía esfuerzos por gustar, y cada vez que pasaban a mi lado, ella me guiñaba un ojo.
Me senté sobre el antepecho de una ventana y me dediqué a cuidar el paquete. A veces se acercaba algún conocido y conversábamos un poco o bailábamos. Sueltos, porque la tormenta inminente hacía insoportable cualquier contacto. En cuanto podía, me escapaba a la ventana fresca.
Mi amiga se instaló a mi lado. Nos quedamos comen­tando su reciente conquista. Asomó una cara nueva para mí. Sin ningún tipo de transición, ella lo llamó:
-¡Pablo!