El cuento comienza así:
Unos metros antes de llegar a la casa, el hombre se detuvo y golpeó las manos. A sus espaldas, sobre la ancha entrada de tierra, había quedado el camioncito rumoroso con el zumbido de las colmenas que agobiaban su desvencijada caja. Había encontrado la tranquera abierta, esperándolo, y a los perros que amagaron un ladrido.
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Unos metros antes de llegar a la casa, el hombre se detuvo y golpeó las manos. A sus espaldas, sobre la ancha entrada de tierra, había quedado el camioncito rumoroso con el zumbido de las colmenas que agobiaban su desvencijada caja. Había encontrado la tranquera abierta, esperándolo, y a los perros que amagaron un ladrido.
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La Tigra - GEL, Buenos Aires, setiembre de 2009



2 comentarios:
Los cuentos de La Tigra se leen con interés, con ganas, con placer. En ellos hay sutileza, suspenso, humor, un lenguaje precioso que, a veces, subyuga. Y son entretenidos, en la mejor acepción de esta palabra: Nicastro pone la carnada en el primer renglón y nosotros, los lectores, somos capturados. Hay una gran sugestión en su escritura, un decir velado que tensa las historias.
Gracias, Liliana. ¡Con semejante lectora es un placer escribir! L.
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